Áreas de intervención

Mi terapia está orientada exclusivamente para adultos.

Problemas del estado de ánimo

Los trastornos del estado de ánimo constituyen uno de los principales problemas de salud mental en nuestra sociedad. Los síntomas más típicos son, un estado de ánimo depresivo la mayor parte del día, casi cada día, disminución acusada del interés o de la capacidad para el placer en todas o casi todas las actividades, pérdida o aumento de peso, insomnio o hipersomnia casi cada día, agitación o enlentecimiento psicomotor, fatiga, sentimientos de inutilidad o culpa excesivos o inapropiados, falta de concentración, pensamientos de muerte o ideación suicida. Todos estos síntomas provocan un malestar significativo en la persona provocando un deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la vida del individuo.

Los trastornos del estado del ánimo más frecuentes, son depresión, distimia y trastorno bipolar, donde además de los síntomas arriba señalados también experimentan autoestima exagerada o grandiosidad, disminución de la necesidad de dormir, distraibilidad, etc.

Traumas

La palabra trauma deriva del griego y significa “herida”. El trauma es una “herida psicológica” que puede ser provocada por variadas situaciones. Cuando oímos hablar de traumas normalmente lo asociamos a desastres naturales o aquellos causados por el hombre, como guerras, abusos, etc. A éstos los especialistas los denominamos Traumas con “T” por la gran magnitud de sus causas pero también existe otra categoría de traumas con “t”, cuyo origen está relacionado con hechos cotidianos, aparentemente de menor importancia y no por ello menos dañinos, como por ejemplo desprotección, humillación, exceso de responsabilidad cuando se es aún un niño, ruptura sentimental, pérdida de un trabajo, etc.

Subrayar que el tipo de trauma no determina la calidad del daño que éste produce. Puede ser tanto o más perjudicial un trauma (“nunca me sentí valorado de niño por mi madre) que un Trauma (“viví un grave accidente de coche cuando tenía 20 años”) porque sus efectos dependerán de diferentes factores; de la persona, de su historia y entorno afectivo, de la intensidad del suceso, de la proximidad de la experiencia, del impacto personal del acontecimiento y del impacto de sus consecuencias.

No importa el origen del trauma ya que puede afectar a la salud, la seguridad y el bienestar de la persona, pudiendo llegar a desarrollar creencias falsas y destructivas de sí misma, del futuro y del mundo.

Duelos y pérdidas

Las pérdidas forman parte de nuestra vida, algo a lo que inevitablemente en algún momento nos veremos expuestos.

A lo largo de nuestra vida, hay momentos en los que nos enfrentamos a la pérdida de un ser querido, un final no deseado de una relación sentimental o la pérdida de un empleo. En estos momentos comienza un proceso necesario de duelo, tratándose de una adaptación emocional ante esa pérdida. Cada persona vive este proceso de una manera diferente y es importante que se respete en cada uno de los casos. Su evolución dependerá de las circunstancias de la pérdida y de las características personales. Se convierte en un duelo patológico o complicado, si tras un periodo de tiempo la persona tiene importantes dificultades para continuar avanzando y se siente incapaz de aceptar la pérdida.

Problemas de ansiedad (miedo, pánico, fobias)

Las diferentes situaciones de nuestra vida requieren de una respuesta adaptativa, por ejemplo, cómo solucionar un problema de trabajo, decidir si me mudo de casa, un examen… Se trata de una respuesta necesaria para adaptarnos a las situaciones, es decir, necesitamos adaptarnos al cambio. En este proceso de adaptación valoramos nuestra capacidad de afrontamiento y los recursos de los que disponemos, si este proceso lo hacemos adaptativamente las emociones que podamos sentir, preocupación, ansiedad no nos interferirán y nos servirán para conseguir nuestros objetivos de la manera más eficaz, ahora bien, el problema surge cuando esta respuesta resulta desproporcionada a la situación en cuestión, entonces dejará de ser adaptativa, resultando disfuncional y provocando en la persona efectos negativos tales como preocupación excesiva, pánico, problemas en el sueño o alimentación, etc. Por ejemplo, tengo que resolver un problema en el trabajo y la valoración que hago de mi capacidad de afrontamiento es negativa, pienso que no voy a ser capaz y que puede que me despidan, no es difícil de pensar que me provocará una ansiedad y preocupación excesiva interfiriendo en la resolución del problema.

Los principales trastornos de ansiedad son: trastorno de ansiedad generalizada, trastorno de pánico, agorafobia, fobias específicas (volar, animales, sangre, etc), fobias sociales, trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), trastorno por estrés postraumático y estrés agudo o crónico.

Trastornos alimentarios

Los trastornos alimentarios son complejos, tendentes a la cronificación y son consecuencia de múltiples y variados factores.

El origen y desarrollo de los trastornos alimentarios no puede en ningún caso simplificarse exclusivamente al temor a engordar, si bien es cierto que suele ser un síntoma prevalente, los trastornos alimentarios son trastornos biopsicosociales, donde intervienen factores de tipo biológico, como por ejemplo el sexo femenino, con más propensión a padecer este trastorno, tipo de metabolismo, edad… de tipo psicológico como problemas de apego, experiencias traumáticas, acontecimientos vitales estresantes… y social como nuestra cultura del adelgazamiento y la gran importancia, a veces excesiva, que se da a la imagen corporal.

Los trastornos alimentarios engloban varias patologías que, a pesar de que se manifiestan a través de la conducta alimentaria, en realidad consisten en una gama muy compleja de síntomas entre los que prevalece una alteración o distorsión de la imagen corporal, miedo a subir de peso, y la adquisición de una serie de valores y creencias a través de la imagen corporal.

La comida, en estos trastornos, es utilizada como regulador emocional, “como para calmarme” o “dejo de comer porque no necesito nada, ni comer ni afecto”

Obesidad

La obesidad generalmente se clasifica en dos tipos:

Obesidad endógena: cuyo origen está asociado a enfermedad de tipo endocrino o metabólico. Representa un 5-10% de los casos.

Obesidad exógena: asociado frecuentemente a un trastorno alimentario; trastorno por atracón, bulimia nerviosa no purgativa, hiperfagia psicógena, trastorno somatomorfo, u/y otro trastorno psicológico asociado. Representa el 90-95% de los casos.

Dependiendo del tipo de obesidad se trabajan y se marcan objetivos diferentes.

En el caso de la obesidad endógena se trabaja en recuperar la motivación para promover el autocuidado físico y corporal, mejorar la autoestima y el autoconcepto dañados por esas experiencias traumáticas donde, en muchas ocasiones, la persona se  ha sentido humillada y rechazada, la percepción y el rechazo del cuerpo…

En el caso de la obesidad exógena, además de lo arriba señalado, se trabaja el origen que dio lugar a la situación actual, de igual manera la relación establecida con la comida que funciona como calmante momentáneo de las emociones, “como para calmarme”, “como porque me siento triste”, “como porque estoy enfadada”… acumulando kilos llegando con el tiempo a la obesidad.

Enfermedades psicosomáticas

Las enfermedades psicosomáticas o psicofisiológicas, han sido definidas como trastornos que presentan una clara evidencia de enfermedad orgánica, pero en las cuales, una proporción significativa de sus determinantes son de índole psicológica (especial importancia las emociones)

La idea de interrelación entre lo mental y lo corporal, ha estado siempre presente a lo largo de la historia de la humanidad. Desde el último tercio del siglo pasado se han ido acumulando una gran cantidad de datos que explican y matizan la relación entre los factores psicológicos y enfermedad físicas.

Las reacciones emocionales como la ansiedad, la ira, la hostilidad, la tristeza o la depresión, presentan correlatos fisiológicos que son el resultado de complejos mecanismos que bajo la influencia del sistema nervioso afectan a las secreciones glandulares, los órganos y tejidos, los músculos y la sangre. Cada vez son más los estudios que muestran la relación entre factores emocionales y trastornos como los cardiovasculares, digestivos, dermatológicos, endocrinos, etc. e incluso los derivados de un mal funcionamiento del sistema inmunológico.

Pero un paso aún más importante ha sido el hecho de que el papel de las emociones no quede restringido a un papel de factor precipitante o causante de la enfermad, sino también como variable responsable del desarrollo, agravamiento y cronificación de la misma.

Baja autoestima, inseguridades

Tener un concepto positivo de nosotros mismos es fundamental para un equilibrio emocional y personal. Podríamos decir que una buena autoestima actúa como una “vacuna” emocional, de la misma manera que tener unas buenas defensas físicas nos protege de enfermedades, tener una buena autoestima nos protege del sufrimiento emocional relacionado con el no querernos.

Pensar sobre uno mismo que “no valgo”, “soy un inútil”, “no merezco ser feliz”, no sólo produce un profundo dolor emocional haciéndonos sentir tristeza, ansiedad o vergüenza sino que nos condiciona en nuestra vida; “no me atrevo a emprender un proyecto personal porque soy un inútil y no voy a ser capaz”, “no dejo a mi pareja a pesar de tratarme mal porque “¿quién me va a querer, a donde voy a ir?”… Estos son solo ejemplos del devastador impacto que tiene en nuestras vidas la falta de autoestima.

Dependencia emocional

Es importante tener en cuenta que la dependencia interpersonal, per se, no es patológica entre los seres humanos ya que nuestra especie es una especie social y  por lo tanto necesitamos formar vínculos con otras personas, encontrando en esta dependencia sana, múltiples beneficios y gratificaciones. Lo que no es sano es una dependencia interpersonal patológica, ¿cómo podemos diferenciarla?. Una persona tiene una dependencia interpersonal patológica cuando muestra una tendencia a; tener relaciones interpersonales conflictivas, adoptando posturas de sumisión, dominancia o evitación, (real o emocional), cuando siente que sus necesidades no están satisfechas respecto a los demás y frecuentemente siente que dichas relaciones no sólo no le satisfacen sino que le generan frustración, decepción o incluso traición o cuando se renuncia a tener relaciones interpersonales significativas mediante el distanciamiento/aislamiento real o emocional.

La dependencia interpersonal patológica es un grave problema social, que se expresa especialmente en el seno de la pareja donde más aflora esta dependencia y los problemas relacionados con ella.

Dificultades en las relaciones sociales

Algunas personas pueden encontrar importantes dificultades en determinadas situaciones sociales, sintiendo miedo, incomodidad pudiendo incluso llegar a evitar las relaciones interpersonales. Todo esto ocurre como consecuencia de un déficit en las habilidades sociales o provocado por creencias rígidas que dificultan la comunicación.

En estas situaciones es necesario un entrenamiento específico, con el fin de lograr una integración de la persona en todos sus entornos. Las dificultades que más comúnmente encontramos son: timidez extrema, dificultad para expresar opiniones y emociones, controlar la ira, recibir críticas o expresar asertivamente lo que no nos gusta o incomoda, etc.

CRECIMIENTO PERSONAL